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OTITIS, SINUSITIS Y FARINGOAMIGDALITIS

IMPORTANTE: En pediatría debido a las dificultades del aislamiento bacteriológico, se propone hacer el diagnóstico con la suma de criterios: a. Criterio clínico: Manifestaciones constitucionales, sistémicas o locales según el órgano comprometido. Se enunciaron anteriormente. b. Criterio radiológico: Patrones radiológicos ya descritos; ninguno es patognomónico. 50% de niños con TBC pulmonar pueden tener radiografías de tórax normales. c. Criterio tuberculínico: Ya se definió. Tener en cuenta las causas de falsos positivos y negativos cuando se hace la interpretación de la PPD.  d. Criterio epidemiológico: Contacto con un paciente que tuvo o tiene TBC y mucho más si es bacilífero positivo. e. Criterio histopatológico: Hallazgos histopatológicos característicos ya anotados. f. Criterio bacteriológico: Aislamiento de Mycobacterium tuberculosis, optimizándolo con las técnicas discutidas anteriormente. Ojalá con estudio de sensibilidad a antibióticos. g. Criterio broncoscópico: Granulomas endobronquiales, compresión extrínseca de la vía aérea, endobronquitis importante, drenaje de material caseoso. La suma de al menos tres de los siguientes criterios positivos (radiológico, clínico, epidemiológico y tuberculínico) hace el diagnóstico. El criterio bacteriológico por sí sólo es suficiente para iniciar tratamiento anti-TBC. Los criterios broncoscópico o histopatológico unidos a otro criterio también se consideran diagnósticos.
PREVENCION Y TRATAMIENTO Se recalca la prevención de las formas pulmonares hasta en un 50% y de la diseminación linfohematógena hasta en un 80%, con la aplicación de la BCG; que debe colocarse en todos los recién nacidos en nuestro medio, con escasas excepciones (pacientes inmunocomprometidos, sospecha de TBC perinatal hasta que se descarte infección latente o activa). Sin embargo, la mejor manera de prevenir la enfermedad, sólo se obtendrá, optimizando los estándares de vida de una población dada y detectando y tratando los casos índices (sintomáticos respiratorios bacilíferos en el entorno de los niños). El tratamiento se dirige al manejo específico con drogas anti-TBC, a las medidas de soporte general (nutrición, oxígeno, aislamiento respiratorio), y a conductas individualizadas como el uso de anticonvulsivantes, estabilizadores de columna, corticoides en los siguientes casos: compromiso de serosas ( pleura, pericardio, peritoneo), TBC meníngea, TBC ganglionar intratorácica con signos de compresión bronquial, TBC ocular, TBC miliar. Es una enfermedad de notificación obligatoria. Se plantea el manejo de acuerdo con los criterios propuestos por la Sociedad Americana del Tórax (A.T.S.):
a) Contacto: Definido como niño menor de seis años aparentemente sano, PPD negativo: Se administra ISONIACIDA a 5 mg/Kg./día por 3 meses. A ese tiempo se le hace seguimiento clínico, radiológico y tuberculínico y si no hay datos positivos, además que el caso fuente esté en tratamiento y sea bacilífero (-), se suspende medicación. En caso contrario se trata como infectado o enfermo según los resultados del seguimiento.
b) Infectado: Paciente aparentemente sano, PPD positivo: Se emplea ISONIACIDA a 5 mg/Kg./día por 9 meses. Se hace monitoría clínica, tuberculínica y radiológica cada tres meses, y según los resultados, se suspende la medicación a los 9 meses, o se trata como enfermo.
c) Enfermo: Tratamiento acortado supervisado: – Fase inicial diaria por 8 semanas con: ISONIACIDA a 5-10 mg/Kg./día, RIFAMPICINA a 10-15 mg/Kg./día y PIRAZINAMIDA a 20-30 mg/Kg./día. – Fase de complemento por 18 semanas (4 meses), 2 veces por semana, en la mayoría de los casos: ISONIACIDA 15 mg/Kg./día y RIFAMPICINA 15 mg/Kg./día. – En lo pacientes con tuberculosis meníngea se recomienda tratamiento tetraconjugado (ISONIACIDA, RIFAMPICINA, PIRAZINAMIDA, ETAMBUTOL O ESTREPTOMICINA), acortado supervisado, prolongando la segunda fase hasta doce meses. No obstante hay autores que sólo emplean dicho esquema por seis meses. El manejo para otras formas de tuberculosis extrapulmonar, debe ser con el esquema acortado supervisado durante seis meses. – El tratamiento se monitoriza clínica y radiológicamente cada tercer mes. Sería ideal el monitoreo bacteriológico al mes de tratamiento para excluir resistencia; sin embargo ante la dificultad de la demostración del bacilo en Pediatría, esto puede resultar impráctico. – En lo posible emplear la estrategia DOT (tratamiento directamente observado o administrado directamente). – Dar piridoxina 1 mg/Kg./día (vitamina B6) en pacientes que reciban isoniacida y estén desnutridos, sufran concomitantemente VIH o sean alimentados exclusivamente con lactancia materna. – Monitorizar función hepática cada dos meses en casos seleccionados. Hay casos especiales que hay que considerar: